MI VIDA DE AMARILLO 6.
Un
trabajador sanitario llora en el autobús que le lleva de vuelta a casa. Es de
noche. Las calles están oscuras y casi vacías. Hace frío. Llueve un poco… La
jornada laboral ha durado más de lo habitual. Demasiado dura. Demasiado dolor.
Su consuelo espera en casa. Gracias, amor, por escucharme. Gracias por estar
ahí.
Siento mucho, Valeriya, que te hayas ido así… ojalá
pudiera haber hecho algo más por ti… Me hubiera gustado haber oído más tu voz
quebrada hablándome de San Petersburgo… Me avergüenzo de cómo te has ido… Lo
siento.
Te pido disculpas de corazón, Ángeles, por todo lo que te hemos hecho pasar y las faltas de respeto con las que te hemos agredido; espero que nunca más regañen a Benilda, que nunca nadie confunda tu nombre, que nadie más te rechace por tu obesidad, que nadie más muestre cara de asco al cambiarte el pañal, ni te insulte, ni te ofenda y ojalá te recuperes pronto y vuelvas a abrazar a tus hijos y a tus nietos. Espero que Yolanda recupere el sentido, y que nunca más sufras tanta presión como para perder el contacto con la realidad, que ojalá alguien más se dé cuenta de que necesitas asistencia psiquiátrica y decida, quien corresponda, que tienes que dejar de atender pacientes durante un tiempo… ojalá alguien te ayude, ojalá nunca vuelvas a pegar a ningún paciente… ojalá…
Ojalá
Isabel acuda a encontrarse contigo en tus sueños, Manuel… y ojalá que a Juanjo,
que se agita desnudo y grita desesperado en la cama, de alguna manera le llegue
la energía de vuestros aplausos y calme de una vez su angustia… Fuerza, Juanjo,
mucha fuerza, por favor…
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